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junio 10th, 2018Número 5, Sin categoríaadmin 0 Comments

Gregorio Walerstein y el cine. Historia de una pasión
de Francisco Peredo Castro

por Mariel Montserrat Santillán Mendoza

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“Se ha afirmado que el todo es algo más que la suma de sus partes, porque sumar es un procedimiento que no significa nada, mientras que la relación entre el todo y la parte, significa mucho”. Citando estas palabras, José Revueltas, en su libro El conocimiento cinematográfico y sus problemas (1965), defiende el lugar que el cine tiene en el arte; esta frase toma sentido cuando vemos el trabajo de un productor fílmico en su capacidad de dirigir un proyecto sumando todas las partes que se reflejarán en la obra final.

Sabemos que, dentro de la historia del cine mundial, han existido diversos temas, tales como el trabajo artístico, el quehacer de las empresas e instituciones cinematográficas, o la historia de vida de actores, directores y, aunque escasos, de productores. El libro del comunicólogo e historiador Francisco Peredo está en este último rubro; centrado en la biografía del productor de cine: Gregorio Walerstein. No obstante, la construcción narrativa de su texto permite al lector entender de manera tangencial otros elementos que siempre giran y no pierden la órbita en torno a la figura de este productor.

El estudio que Peredo ha realizado en su obra no aborda una completa biografía de esta personalidad, sino que investiga y analiza aquellos hechos históricos y decisiones que influyeron en la pasión cinematográfica de Gregorio Walerstein. El autor comienza con la reflexión del imprescindible papel que tiene un productor de cine, rescatando la importancia que esta labor ocupa dentro de la industria fílmica, pues ha existido un elaborado tema de discusión que ha negativizado a la producción como un trabajo superficial con intereses meramente financieros. Peredo sitúa a Gregorio Walerstein como un personaje que no podía seguir el modelo fidedigno del productor fílmico de Estados Unidos o Europa; tuvo que construir una identidad propia de acuerdo con la situación cinematográfica internacional. Los propios logros de Walerstein reflejaron siempre su entusiasmo y responsabilidad y marcaron su desarrollo no sólo como productor, sino como un hombre versátil quien, en palabras del autor, tuvo acción en diversas funciones, “desde encontrar el financiamiento hasta proponer y diseñar proyectos, ser director de producción o gerente de producción, argumentista, etcétera”.

Este compendio fue dividido por Peredo en función de los distintos sexenios presidenciales por los que atravesó no sólo la trayectoria del productor, sino también la del cine mexicano. Nos presenta el panorama gubernamental de Lázaro Cárdenas del Río, pasando por el alemanismo, la década de 1960, el período presidencial de Miguel de la Madrid, culminando en 1991 (año simbólico donde la última película de Walerstein sería producida). En este camino podemos visualizar:

1) La aparición de diversas personalidades: inversionistas como Walter Jenkins, productores
como Alfredo Ripstein Jr., el Star System nacional e internacional, –donde encontramos a Pedro Infante o María Félix–, al igual que muchos nombres inmortales de otros productores, directores y argumentistas que también dejaron su huella en el cine.
2) La necesidad de nuevos géneros fílmicos y temas, así como las respuestas y críticas del público hacia estos.
3) El panorama internacional y los intereses particulares para hacer y controlar al cine.
En los primeros capítulos, el autor invita a que sigamos los pasos de Gregorio desde su infancia. La relevancia de ello radica en varios aspectos: a) los sucesos que trascendieron en la historia de México en el siglo XX y que, a su vez, marcaron la vida de Walerstein; b) los movimientos sociales como el liberalismo, el nacionalismo, y las condiciones de posibilidad que contribuyeron a la postura política del joven Gregorio, como lo fue la ideología positivista de Lázaro Cárdenas; c) la familia: el hecho de que los padres de Walerstein no le impusieran posturas frente a su religión, ideología política o trabajo, le otorgó libertad para tomar sus propias decisiones; d) su formación en contabilidad, economía y auditoría de negocios le permitió a Gregorio posicionarse dentro del campo de la producción cinematográfica; e) su temprano gusto por las artes escénicas y la recepción del público en estos espacios.

Por otra parte, en el libro son expuestas las relaciones entre Walerstein y su equipo de trabajo, donde las negociaciones y los niveles de intervención para la creación de proyectos fílmicos tuvieron cabida, no sin antes señalar que Walerstein tenía la última palabra.

Otro elemento oportuno de la lectura es la explicación sobre la flexibilidad que Walerstein tuvo hacia los cambios que se iban presentando en su quehacer cinematográfico conforme el paso del tiempo: las obligadas innovaciones y tomas de decisión generadas por los panoramas “políticos, económicos, sociales, culturales, e inclusive, de religión”, que fueron asegurando su indiscutible éxito.

Como es lógico pensar, la buena reputación del productor también generó diversos juicios sin fundamento que intentaron afectar su trabajo. El autor del libro aborda también esta parte sobre Walerstein y sus valores; la prudencia y tranquilidad, reflejados en la postura serena que mantuvo frente a la crítica negativa. Si en algún campo desató polémicas, fue durante la realización de no pocas películas, pues a la hora de responder a los gustos de la época, Walerstein resolvió sus proyectos sin menospreciar las cuestiones financieras, los intereses de tipo político, las innovaciones tecnológicas o la competencia extranjera. Todo ello, aun frente a la crítica y a la hora de mostrar resultados concretos.

Un punto más que el comunicólogo plantea es la apertura de empresas e instituciones donde Gregorio Walerstein tuvo incidencia, como en Financiera Industrial Cinematográfica, S. A., o Filmadora Mexicana, S. A. (en las que Simón Wishnack había sido socio mayoritario junto a este); así como en Cinematográfica Filmex, S.A.; Cima Films, S. A. de C. V., y Cumbre Films (la cual inauguró por cuenta propia).

En suma, la trascendencia de este trabajo de Francisco Peredo radica en el análisis que logra realizar sobre Walerstein como figura fundamental del cine, tanto en el contexto mexicano como en el internacional. Asimismo, en el rescate que el autor hace de la documentación de archivos, de las notas periodísticas, las producciones cinematográficas y entrevistas; información que, puesta en diálogo con diversas problemáticas, adquiere un gran sentido y valor al momento de dar visibilidad a uno de los productores modelo en la industria del cine mexicano.

La tarea de un productor nos enseña que un filme no solo es un grabar y proyectar secuencias de imágenes; empieza con una imagen mental que exige ser concretada en nuestra realidad. Así, adquiere sentido el tener conocimiento de cada una de las partes que constituyen la producción, y que en su curso son acopladas, modificadas y entrelazadas por un trabajo colectivo donde el productor logrará cohesionar en un resultado final.

libroFrancisco Peredo Castro, Gregorio Walerstein y el cine. Historia de una pasión. , México, UNAM, 2015.