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julio 11th, 2012Reseñas, Sin categoríaadmin 0 Comments
La oruga y la mariposa

La oruga y la mariposa. Los géneros dramáticos en el cine 
de Xavier Robles
por Fernando Cruz Quintana

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Tienes en mente una idea. La proyectas en tu pantalla mental. La escribes con la intención de que sea filmada y se convierta en película. Mucha gente trabaja en el rodaje; uno los dirige: el director (valga la redundancia). Se concluye, se edita y se exhibe en una sala cinematográfica. A lo largo de todo el proceso anterior, lo abstracto cobró materialidad, casi como si de un sueño vuelto realidad se tratara.

Visto a través de una perspectiva poética similar a la anterior, Xavier Robles sugiere —a partir del cineasta Jean Claude Carrière, como él mismo advierte— que el proceso de escritura y realización de una película se asemeja a una de las transformaciones más sorprendentes de la naturaleza: la metamorfosis de una oruga en una mariposa. La analogía es efectiva no sólo por el papel de cambio, sino también por el asombro que tanto la belleza de la mariposa como la magia del cine despiertan en cualquier ser humano.

Adentrado en el prodigio de la transformación de un guión en una película, es importante no perder cuenta del arduo trabajo que conlleva realizar una filmación, Xavier Robles es consciente de ello. Además de ser poeta, investigador y docente, el autor del libro tiene dentro de su currículo una parte de cineasta que lo ha llevado a trabajar como guionista y productor de algunos filmes y productos audiovisuales.

Con el argumento de valor que se obtiene cuando se transita invariablemente de la teoría a la práctica y de la práctica a la teoría, Xavier Robles se propuso la redacción del texto que aquí se reseña; en él, además de hablar sobre los procesos de construcción de una película, se comprende a los filmes narrativos a partir de generalidades observables en su aspecto dramático.

En el esfuerzo de comprensión del mundo, la mente dota a cualquier ser humano de una cualidad que le permite agrupar grandes cantidades de información con similitudes reconocibles, bajo una misma categoría: la generalización. Si se atiene al análisis del cine propiamente narrativo —con todas las particularidades que el medio permite y lo hacen único— una primera pregunta salta en la mente del espectador y el analista ¿cómo empezar a comprender algo tan complejo como es la cinematografía en su conjunto? Respuestas existen muchas, pero una de ellas conduce por el camino de la simplificación y la clasificación.

El cine representa un sinnúmero de posibilidades: inherentemente narrativo desde sus inicios hasta la fecha, el séptimo arte hubo de evolucionar del mero registro documental, en una de las más complejas y mágicas herramientas de expresión humana. Resulta inútil tratar de hablar aquí de todas las manifestaciones que ha tenido el séptimo arte a lo largo de su historia; sin embargo, y aunque todo intento de generalización conlleva algo o mucho de osado, sí es posible establecer parámetros que posibilitan agrupar a determinados números de películas con características semejantes.

A partir de la concepción ficcional de la cinematografía, Xavier Robles osa mencionar dos grandes bloques generalizadores: “los géneros dramáticos realistas en el cine” y “los géneros dramáticos no realistas en el cine”. Con esta clasificación, el autor se adentra en la tarea de encontrar nexos, caminos y puntos de encuentro que validan sus argumentos de catalogación. Como subdivisiones de las dos categorizaciones mencionadas, se obtienen subdivisiones de éstas: para los realistas: la tragedia, la comedia, la tragicomedia y la pieza; para los no realistas: la farsa, el melodrama, el melodrama social y el cine fantástico.

Con los conceptos anteriores, casi todos ellos originarios de la antigua Grecia, se analizan las manifestaciones particulares de la cinematografía. Por ejemplo: Robles analiza algunas cualidades de algunas las llamadas teen movies a las que cataloga como comedia y dice: “Las teen movies son quizá las comedias más intrascendentes de la historia del cine. El género todavía no ha dado una gran película y se puede reconocer fácilmente porque sus protagonistas son en su mayoría estudiantes de colegios o universidades estadounidenses, que buscan perder la virginidad con la pareja adecuada […]”1 En otro apartado, el autor habla del spaguetti y chili western como tipos de tragicomedia, o del cine religioso como parte de los melodramas sociales.

Como se observó, el esfuerzo de Robles por encasillar a las ficciones fílmicas a partir de lo dramático, no concluye en la advertencia de características particulares para cada género: la obra complementa con la mención de películas en específico que ilustran lo expuesto. Gracias a este trabajo explicativo, la obra advierte, en algunos casos, que no es sólo el tratamiento de una obra lo que es susceptible a ser generalizado, sino que también existen temáticas que se adecuan mejor para determinado género cinematográfico. No es ocioso resaltar que el autor no evade en sus categorías a las manifestaciones tan particulares que la filmografía mexicana ha presentado a lo largo de la historia: explícita e implícitamente, Xavier Robles demuestra una real preocupación por el estudio, análisis y perpetuación de su cine nacional.

Para deshacerse por momentos de la rigidez que implica cualquier tipo de encasillamiento y taxonomía, Xavier Robles regresa la importancia de los contenidos fílmicos a las personas mismas, quienes, como él mismo comenta, dotarán de un “estilo y enfoque” propio a sus obras. De manera general, concluye:

Para abordar el estudio de los géneros cinematográficos es preciso analizar simultáneamente las grandes temáticas fílmicas. Si bien los recursos dramáticos (y también los épicos, poéticos, líricos y en general los literarios) son útiles para la reflexión sobre las formas de hacer cine, es conveniente ahondar en el hecho de que cada uno de los filmes de un determinado género cinematográfico, están vinculados entre sí por elementos comunes y lo que varía son las características historias mismas, el estilo o enfoque del cineasta sobre sus contenidos históricos, sociales, ideológicos o fantásticos.

No son los géneros quienes se perpetúan a sí mismos: son los cineastas quienes los practican y les permiten inscribirse en la historia. Con su establecimiento y reconocimiento innegable, los profesionales de la cinematografía ven bifurcados ante sí sus opciones de trabajo: 1) pueden apegarse estrictamente a la tradición y continuar su reproducción, o 2) pueden ayudar a que el género evolucione con el respeto parcial de los usos y la utilización de un estilo propio de filmar.

Muy de la mano de la idea anterior, la obra reflexiona el medio paso que se da entre el análisis —profesional y de aficionado— y la práctica de cine mismo: ¿no es acaso la historia del cine una sucesión y evolución de un lenguaje muy específico? Inevitablemente, los cineastas son influenciados por aquellos autores (cinematográficos y no cinematográficos) cuyas obras les producen un mayor deleite; sin embargo, la parte de original (si es que ésta existe) que cada quien aporta en su trabajo, contribuye a la evolución de los géneros mismos. Si acaso existe un lenguaje cinematográfico, los géneros se parecen mucho a él: las convenciones permiten que la comprensión del séptimo arte se desenvuelva con mayor rapidez y es tarea de los realizadores el velar porque las formas transiten de lo comprensible hacia lo novedoso.

Publicación del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, La oruga y la mariposa. Los géneros dramáticos del cine es una obra que puede interesar no sólo a quienes, ya sea por el análisis o la práctica, convivimos día a día con el cine; también resulta muy útil para el espectador avezado que intenta llevar su pasión hacía un nivel distinto de deleite.

 

La oruga y la mariposaXavier Robles, La oruga y la mariposa. Los géneros dramáticos y el cine.
CUEC, UNAM, México, 2010.