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julio 11th, 2012Reseñas, Sin categoríaadmin 0 Comments
Ciudad de cine

Ciudad de Cine: 1970-2010
de Hugo Lara Chávez
por Elisa Lozano

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Por razones del centralismo político y económico, el cine mexicano se ha desarrollado como industria en el Distrito Federal, y eso, para bien o para mal, ha formado la imagen de esta ciudad como la más retratada por el cine nacional. A lo largo de diferentes épocas sus barrios y habitantes —ricos y pobres, cómicos y trágicos; realistas y absurdos— han convertido a ésta masa urbana alternadamente en un ambiente, un personaje, un pretexto y hasta un estado de ánimo. Con esa explicación y bajo la premisa de que “hay tantas ciudades como películas y cineastas que la han abordado” Hugo Lara presenta su nuevo libro Ciudad de cine, que ofrece una novedosa propuesta para historiar el séptimo arte a partir de la lectura de imágenes de un tema específico: la capital mexicana convertida en escenario y protagonista de centenares de películas filmadas durante del periodo 1970-2010.

Una investigación que es la continuación de dos proyectos anteriores del autor sobre el mismo tema que vale la pena destacar. El primero, el libro titulado Una ciudad inventada por el cine, una revisión formada por ensayos cortos en torno a edificios emblemáticos y zonas de la ciudad que aparecen en cintas producidas en el lapso 1935-2005, ilustrado con imágenes de pequeño formato. Un trabajo pionero que se convirtió pronto en una referencia fundamental del tema. El segundo, parte de una idea original de Paula Astorga (entonces directora del ficco), quien conoció ese trabajo al mismo tiempo que preparaba la exposición La Ciudad del Cine, por lo que invitó a Lara a participar como curador de la misma. El objetivo central de dicha muestra era celebrar a la Ciudad de México como un escenario fundamental del cine, pero también “como la gran locación donde transcurre la emocionante película de nuestras vidas” se dijo. En esa ocasión se presentaron en la Galería Abierta de las Rejas de Chapultepec 135 fotografías de filmes realizados en el los años 1977-2007.

Ahora en Ciudad de cine Lara guía el tránsito del lector por diversos espacios, atmósferas, épocas y estados de ánimo, apuntalándolo siempre con fuentes de primera mano: diálogos de las películas, notas periodísticas, comentarios de los directores, críticos e historiadores, testimonios de los actores sociales del momento, además de las “resonancias” y retroalimentación del cine con otras artes que dan cuenta de la vida en el D.F. como la literatura, la pintura o la música. Todas las anteriores son valiosas aportaciones, a las que se suma la inclusión de una filmografía (con una ficha muy completa) de los casi doscientos títulos citados, un útil índice onomástico y la identificación precisa de los sitios aprovechados como locación que acompañan las imágenes, elemento central del libro.

Ciudad de cine tiene como base de investigación la consulta de fotografías en los archivos de la propia Cineteca Nacional, la Filmoteca de la UNAM, Fundación Televisa, Imcine, varias compañías productoras y diversos archivos particulares en los que el autor revisó miles de imágenes, de entre las cuales eligió 260 que cohesionó en grupos iconográficos bien definidos, en los apartados: “Ext. Ciudad de México 1970-2010”, “Ciudad de México, Ciudad de cine”, “Emplazamientos”, “De barrios y oficios”, “Luz roja”, “Nocturna”, “Vía rápida”, “Hippies, bandas y yuppies”, “Intersecciones” y “En tránsito”, títulos que develan los asuntos que Lara aborda libremente en torno a esas asociaciones sin un orden cronológico. Vale la pena detenerse en algunos ejemplos.

En Emplazamientos el escritor plantea un llamativo juego de opuestos. Así, vemos a doble página imágenes tan poderosas como las de Carlos Reygadas rodando en las alturas de la Torre Latinoamericana, Batalla en el cielo (2004), o a Juan Carlos Rulfo elevado entre varillas y concreto para documentar la construcción del segundo piso del Periférico en su film En el hoyo (2005), para luego literalmente descender a lo más bajo, hasta al drenaje profundo reconstruido en los Estudios Churubusco para la cinta K.31 (Rigoberto Castañeda, 2006).

En la sección De barrios y oficios, observamos a tipos característicos que deambulan por esta ciudad; el verdulero, el panadero, el patrullero, el taquero, el burócrata. Vamos de los barrios más tradicionales del centro histórico como la Merced, hasta las unidades habitacionales, los modernos multifamiliares o las avenidas elegantes.

Especial interés reviste la selección de tres fotografías de distintas películas filmadas en Tlatelolco, espacio de enorme carga simbólica. Dispuestas a modo de secuencia que inicia con del lado izquierdo, con un dramático close up de María Rojo asomada a la ventana en Rojo amanecer (Jorge Fons, 1989) a página rebasada, y continúa a la derecha con dos imágenes de las películas El bulto (Gabriel retes, 1991) y Borrar de la memoria (Alfredo Gurrola, 2010) en las que se ven los cuerpos de jóvenes muertos en el piso. El punto de vista sugiere que la actriz observa esa plaza.

Según el autor, “En el cine del Distrito federal, podría definirse una estética de la figura solitaria y melancólica que anda entre el bullicio, por las calles nocturnas, las plazas, los mercados o el metro. La soledad en medio de la multitud es más dramática, pero también un oasis para recobrar la identidad a escala individual.”

Algo que llama la atención en este trabajo es que a diferencia de la mayoría de los libros de cine, en los que suele privilegiarse el preciosismo de las imágenes, en éste se respetan las diferentes calidades y texturas de las fotografías originales. Y si bien hay verdaderas joyas, por su encuadre o calidad estética —como la de Daniel Daza de la Plaza Tolsá en ambiente nocturno, impecablemente iluminada— surgen otras movidas, con el grano abierto, borrosas pero que se incluyen por mostrar un elemento significativo —inmueble desaparecido, un personaje como es el caso de La golfa del barrio (Rubén Galindo, 1981)— y porque su mala factura resulta en si misma reveladora. Ésta obedece a una situación y a un momento histórico preciso dentro de la industria fílmica, el de los años setenta y ochenta, cuando muchas producciones eran de ínfima calidad argumental y actoral y en el que el trabajo de los fotógrafos de fijas era tan poco apreciado que no se les otorgaba el crédito correspondiente.

Al rescatar su trabajo, Lara hace un reconocimiento explícito ésta figura indispensable del cine nacional, a esos “testigos discretos” que saben moverse en el set sin ser notados: Othón Argumedo, Max Hernández, Daniel Daza, Federico García, José Antonio Íñiguez, Eniac Martinez, Servando Gajá, y otros a los que con agradable sorpresa vemos se han sumado mujeres como Mariana Gruener y Elena Pardo.

Del material de todos ellos el autor rescató varias imágenes inéditas, entre otras, la de un perro bravo detenido por el actor Gustavo Sánchez Parra, o la de Alejando González Iñárritu, con Rodrigo Prieto en la filmación de 2000 en Amores perros (2000). Fotografías cuidadosamente seleccionadas para manifestar además los cambios políticos y sociales más visibles retratados por el cine, entre otros, la apertura democrática, la lucha de género, la descomposición del tejido social y económico, los derechos de las minorías. De cuya lectura se desprenden otros aspectos menos obvios, pero trascendentes para hacer una reconstrucción histórica de la sociedad mexicana del siglo xx que vale la pena revisar con atención: la moda, las formas de consumo, el ocio, y el lenguaje, entre otros que nos identifican como chilangos —odiados y queridos con la misma intensidad— y que el cine defeño expone. Y es que, como resume el cineasta Rigoberto Castañeda: “La Ciudad de México está llena de grandes monumentos arquitectónicos, fascinantes recovecos que expelen tradición, lugares pintorescos llenos de energía positiva, vida, esperanza y sitios angustiantes, decadentes y demenciales. Hay de todo para todo tipo de historias, hay de todo para dar espacio a todo tipo de creatividad.”

En síntesis, la lectura de Ciudad de cine es una experiencia estética gozosa en la que la razón (logos) y el sentimiento (pathos) se retroalimentan porque como sugiere Imanol Zumalde “nada punza más que el objeto que afecta a ambos hemisferios cerebrales “la estereofonía de la razón y la emoción” 6 Y es que no se trata únicamente de reconocer lugares, películas personajes y arquitecturas, sino de los recuerdos que dichos espacios despiertan en el lectorespectador; en la evocación que emana de tales imágenes y que motiva a ver ese cine al que alude con mirada renovada.

Por las aportaciones expuestas y con una metodología de investigación propia Hugo Lara Chávez demuestra en éste libro que hay otras formas de (re) construir la historia del cine, la historia nacional, la Historia, con mayúscula. De ahí la pertinencia de su publicación y su lectura.

 

imagesHugo Lara, Ciudad de cine: 1970-2010,
Cineteca Nacional, México, 2011.